La trascendencia argentina

En el verano de 1933, mientras Federico continuaba de gira con La Barraca, se estrenó en Montevideo y Buenos Aires, por la compañía de Lola Membrives, Bodas de sangre. La acogida fue de tal magnitud que el productor lo invitó a trasladarse a América, dirigir un nuevo montaje y a pronunciar varias conferencias ante un público expectante y entregado.

Su viaje a Buenos Aires le reveló la verdadera dimensión de su literatura en Hispanoamérica.

Federico García Lorca recitando en el Teatro Avenida de Buenos Aires, 1933. / Foto: Fundación FGL
Federico García Lorca recitando en el Teatro Avenida de Buenos Aires, 1933. / Foto: Fundación FGL

Entre octubre de 1933 y marzo de 1934 Lorca dirigió, además de Bodas de sangre, dos de sus obras más granadinas, Mariana Pineda y La zapatera prodigiosa, además de una adaptación del Retablillo de don Cristóbal.

Su primer contacto tras pisar América fue de asombro al comprobar la popularidad que tenía en Argentina. Si el viaje a Nueva York, en 1929, fue para el poeta el descubrimiento de la urbe moderna que tanta huella dejó en su obra, el de Buenos Aires le reveló la verdadera dimensión de su literatura en Hispanoamérica.

Federico García Lorca tocando el piano.
Federico García Lorca tocando el piano. / Foto: Fundación FGL

Lorca concedió numerosas entrevistas y leyó e interpretó al piano la conferencia Cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre.

Con Pablo Neruda, entonces cónsul de Chile en Argentina, leyó la famosa conferencia a dos voces sobre Rubén Darío.

Bodas de sangre llegó hasta las 150 representaciones en Buenos Aires, lo que le reportó unos ingresos que le permitieron por primera vez su independencia económica.