El misterio de las flores (1935)

Federico García Lorca, a partir de 1935, aumenta el tono social y la simpatía con los más desfavorecidos en sus declaraciones públicas con la excusa del teatro: “Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad de un pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar a una nación entera”.

En septiembre se traslada a Barcelona con Margarita Xirgu donde permanecerá hasta diciembre. Otra oportunidad para reivindicar el teatro: “El teatro es una escuela de llanto y de risa, y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equivocadas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón”.

Sobre el éxito de su teatro en Barcelona, Lorca escribió a sus padres: “Claro es que las derechas tomarán todas estas cosas para seguir la campaña contra mí y contra Margarita, pero no importa. Es casi conveniente que lo hagan, que sepan de una vez los campos que pisamos. Desde luego, en España no se puede ser neutral”.

El 10 de septiembre la Xirgu debuta en el Teatro Barcelona y comienza un ciclo irrepetible: el estreno de Yerma y luego Bodas de sangre. El 6 de octubre Federico ofrece un recital para los ateneos obreros: “Había un público inmenso que llenaba el teatro”, escribe en una carta a sus padres, “y luego toda la Rambla de Cataluña estaba llena de un público que oía por los altavoces, pues el acto se radió. Fue una cosa emocionante el recogimiento de los obreros […]. Después tuve que resistir más de una hora y media un desfile de gentes dándome la mano […]. Claro es que las derechas tomarán todas estas cosas para seguir la campaña contra mí y contra Margarita, pero no importa. Es casi conveniente que lo hagan, que sepan de una vez los campos que pisamos. Desde luego, en España no se puede ser neutral”.

García Lorca, Margarita Xirgu y Rivas Cheriff. / Foto: Arxiu Nacional de Catalunya.
García Lorca, Margarita Xirgu y Rivas Cheriff. / Foto: Arxiu Nacional de Catalunya.

La noche del 12 de diciembre de 1935 estrena Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores. A partir de ese día, cada tarde, antes de comenzar la función, recibe un misterioso ramo de flores en el camerino. Al final se desvela que es un regalo de las floristas de La Rambla. Lorca y la Xirgu, en contrapartida, dedican un homenaje a las floristas: “Esta noche, mi hija más pequeña y más querida, Rosita la soltera, la señorita Rosita, doña Rosita, sobre el mármol y entre cipreses doña Rosa, ha querido trabajar para las simpáticas floristas de La Rambla, y soy yo quien tiene el honor de dedicar la fiesta a estas mujeres simpáticas de risa franca y manos mojadas, donde tiembla de cuando en cuando el diminuto rubí causado por la espina”.

En los días finales de su estancia se encuentra en el puerto de Barcelona con el escritor Arturo Serrano Plaja y le comenta: “Esto es la revolución, los sindicatos de floristas vienen a traerme flores a mí, al poeta. ¿Te das cuenta de lo que es esto?”.

En esos días, apremiado por la falta de tiempo, abandona La Barraca. En Santiago de Compostela aparecen los Seis poemas galegos al cuidado de su amigo el escritor y periodista Eduardo Blanco-Amor.