López Sancho, Antonio

Pintor, dibujante y caricaturista nacido en el barrio del Realejo de Granada en 1891 y fallecido en la misma ciudad el 23 de julio de 1959. Perteneció a una familia dedicada a la artesanía textil. Tras formarse en la Escuela Superior de Bellas Artes de Granada en 1915 marchó a Madrid con el propósito de hacerse un hueco como caricaturista e ilustrador en alguna de las muchas revistas de humor y vida social de la época. A su vuelta, en 1917, se incorporó a la tertulia de El Rinconcillo donde frecuentó a García Lorca, Falla, Juan José Santa Cruz y Fernando de los Ríos. En 1922 confeccionó, a petición de los intelectuales que impulsaron el Concurso de Cante Jondo, su obra más conocida: un dibujo con 31 caricaturas de los principales participantes en el certamen celebrado en la Plaza de los Aljibes los días 13 y 14 de junio y que ganaron Diego Bermúdez, El Tenazas y el joven Manolo Caracol. A finales de los años veinte, renuncia a vivir del dibujo y se reintegra a la empresa textil familiar, aunque nunca abandonó del todo sus colaboraciones artísticas. Tras diversas calamidades familiares, en 1932 empieza a colaborar como humorista gráfico en el diario Ideal, de la Editorial Católica, lo que supone un cambio ideológico que lo llevará, durante la Guerra Civil, a parafrasear en sus colaboraciones los brutales discursos radiofónicos de Queipo de Llano y a atacar a personajes que habían formado parte de su círculo de amistad, como Fernando de los Ríos, según consta en el libro de María Luisa Hernández Ríos Antonio López Sancho, humor y melancolía (Granada, 1985).

López Sancho sólo cursó estudios básicos. Fue alumno del peculiar colegio Sagrado Corazón, propiedad de Joaquín Alemán, pariente de Vicenta Lorca, y donde acudieron también los hermanos Federico y Francisco García Lorca. En 1904 estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Granada que dirigía Manuel Gómez Moreno, donde se inició en la pintura y el dibujo.

Las revistas satíricas alemanas lo inclinaron al humor gráfico. Sus primeros dibujos aparecen en las publicaciones de ideas regeneracionistas Andalucía (inspirada en la revista España de Ortega y Gasset) y en Granada, una publicación dirigida por Alberto Álvarez de Cienfuegos en la que colaboraron Constantino Ruiz Carnero, Miguel Pizarro, José Fernández-Montesinos, Fernando de los Ríos y Gregorio Martínez Sierra.

En Madrid conoció a caricaturistas como Penagos y Luis Bagaría, con quien establece fuertes vínculos de amistad. Le atrae el humor político de ámbito nacional y el inspirado en la Gran Guerra. Sus dibujos, de estilo déco y de gran esplendor cromático, aparecen también en La Esfera (la gran publicación de la época dedicada a la vida social), en Mundo gráfico y Nueva España.

Pese a los encargos que recibe está a punto de tirar la toalla. Lo salva la Editorial Calleja que le encarga ilustraciones para 200 cuentos que se distribuyeron en Hispanoamérica.

La familia, que sigue con su negocio textil, lo obliga a regresar a Granada y abandonar su aventura madrileña en 1917 con la excusa de la enfermedad de uno de sus hermanos. Aunque Bagaría lo incita a colaborar desde Granada con El Sol o Buen Humor acaba por plegarse a la vida de provincias. Sancho retoma su relación con el Centro Artístico, que durará siempre, y frecuenta El Rinconcillo. Tras una conferencia de Fernando de los Ríos colabora en una exposición colectiva para obtener fondos para los “niños hambrientos de Rusia”.

En 1922 pinta la caricatura colectiva del Concurso de Cante Jondo. La aparición de Reflejos, una revista local de ecos sociales, le abre de nuevo el camino del periodismo gráfico. Es nombrado director artístico, puesto que ejercerá hasta 1926 en que opta por recuperar la empresa de tejidos familiar, Fábrica la Granadina, para la que prepara diversos diseños. Antes organiza en Granada un homenaje a Bagaría.

Dos percances salen a su paso: Una denuncia por usurpación de una patente y el suicido de dos de sus hermanos, el primero a causa de una empleada de la fábrica por cuya atención disputaba. Se casa en 1931 y, tras la proclamación de la República, colabora con su sobrino Manuel Maldonado en la recuperación de las carocas.

En 1932 empieza a dibujar para el diario católico y antirrepublicano Ideal. Sancho, aunque conservador, había sido ecuánime en sus chistes gráficos, pero la Guerra Civil lo convierte en un defensor fanático de los sublevados. Quizá para borrar las huellas de sus antiguas amistades (Ruiz Carnero, el ingeniero Santa Cruz, el presidente de la Diputación Virgilio Castilla y García Lorca, todos ellos asesinados en 1936) Sancho toma como referencia de sus dibujos las invectivas de Queipo de Llano que, poco antes, había mandado un mensaje; “¡Dibujantes de la España blanca: ahí tenéis un motivo!”.

Tras el fin de la contienda cesan los ataques virulentos y opta por un humor costumbrista al servicio del poder. En 1942 Eduardo Molina Fajardo lo incorpora a la plantilla del diario falangista Patria.

Murió de una enfermedad pulmonar en 1959.