León Goyri, María Teresa

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Poeta, dramaturga, ensayista, intelectual y activista de la Generación del 27, se casó con Rafael Alberti en 1932. Nacida en Logroño el 31 de octubre de 1903 y fallecida en Majadahonda (Madrid) el 13 de diciembre de 1988 a causa del alzhéimer, una enfermedad de herencia familiar y contra la que lucha para poder terminar sus memorias, cuyos primeros síntomas aparecen en los últimos años de su exilio en Roma. Está escribiendo y tiene prisa: “Cuando yo todo lo olvide y cante como mi abuela con la última luz de la memoria…”. Está enterrada en el cementerio de Majadahonda. El epitafio reproduce un verso del escritor gaditano: “Hoy, amor, tenemos veinte años”.

Durante la Guerra Civil formó parte de la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico que se encargó del traslado de los fondos del Museo del Prado. También colaboró en la preparación del Romancero de la Guerra Civil, dedicado a Federico García Lorca, de quien estrenó, como codirectora, en diciembre de 1937, Los títeres de cachiporra. El reconocimiento de su obra literaria, medio olvidada a causa del exilio, se ha incrementado notablemente. Su autobiografía, Memoria de la melancolía, editada originalmente en 1970 en Buenos Aires en la Ediotorial Losada, es una hermosa reflexión sobre una existencia rota por una diáspora de 38 años: “No tengo juicio claro sobre Buenos Aires. ¿Cómo tenerlo si no es ahogada por una ternura inmensa? Veintitrés años vividos en una ciudad marcan”. Tras la derrota de la República vivió exiliada en Francia, Argentina e Italia junto a su marido, el poeta Rafael Alberti, con quien se había casado en segundas nupcias en 1932.

En 1929 conoce en casa de unos amigos comunes a Rafael Alberti, con quien compartiría toda su vida. Alberti evocaría así el encuentro: “Surgió ante mí, rubia, hermosa, sólida y levantada, como la ola que una mar imprevista me arrojara de un golpe contra el pecho”.

En Memoria de la melancolía, María Teresa recuerda cómo se enteró del asesinato de Federico García Lorca: “Pero el diputado comunista insistía: Está muerto. Poco a poco nos fuimos acostumbrando a que Federico había sido asesinado …”, “Cuando Wells, en nombre de los escritores del mundo, mandó un telegrama al capitán general de Andalucía, preguntando por el paradero del poeta, se vio contestado despectivamente: ´No conocemos a ese señor´. Volvimos a ver a Rapún. Nadie como este muchacho silencioso debió sufrir por aquella muerte. Terminadas las noches, los días, las horas. Mejor morirse. Y Rapún se marchó a morir al frente del Norte. Estoy segura de que después de disparar su fusil rabiosamente se dejó matar. Fue su manera de recuperar a Federico”.

Rafael Alberti y María Teresa León.
Rafael Alberti y María Teresa León.

Nació en una familia burguesa riojana, culta e ilustrada. Su padre, Ángel León, fue coronel del Ejército, y su madre, Olivia Goyri, era hermana de María Goyri, escritora y filóloga, casada con Ramón Menéndez Pidal, pionera en la defensa de los derechos de la mujer y la segunda licenciada oficial en Filosofía y Letras de España. La influencia del matrimonio y su hija Jimena sobre la joven María Teresa fue capital: “Jimena era la síntesis de lo que un ser humano puede conseguir de su envoltura carnal. Algo mayor que yo, saliendo sola, yendo sin acompañante al colegio, que no se llamaba colegio, sino Institución Libre, colegio laico, sin monjas reticentes que dan la señal de levantarse o sentarse todas al unísono, con dos trocitos de madera golpeados”, recuerda María Teresa en Memoria de la melancolía.

En el límite de su adolescencia se trasladó a Burgos y allí comenzó a publicar artículos y cuentos con el seudónimo de Isabel Inghirami, la heroína de Gabriele D´Annunzio. En 1920, a los 17 años, se casó en Barcelona con Gonzalo de Sebastián Alfaro, con quien tendría dos hijos, Gonzalo y Enrique. En 1928 viajó a Argentina y publicó sus primeras obras: Cuentos para soñar y La bella del mal amor.

Pero el año que cambió para siempre el rumbo de su vida fue 1929. Ese año conoce en casa de unos amigos comunes a Rafael Alberti, con quien compartiría toda su vida. Alberti evocaría así el encuentro: “Surgió ante mí, rubia, hermosa, sólida y levantada, como la ola que una mar imprevista me arrojara de un golpe contra el pecho”. Ese mismo año rompe su primer matrimonio, que ya había sorteado momentos difíciles, e inicia con Alberti una prolífica vida en común.

La República la nombra subdirectora del Consejo Central del Teatro y se pone al frente del trasladado a Valencia de los fondos del Museo del Prado y del Monasterio del Escorial. María Teresa sacó 64 obras, entre ellas dos de Velázquez, Las Meninas y el retrato del Conde Duque de Olivares, que sufrió daños por no disponer del embalaje adecuado.

Tras el casamiento, en 1932, la Junta de Ampliación de Estudios la beca para conocer el teatro europeo y recorre Alemania, la Unión Soviética, Dinamarca, Noruega, Bélgica y Holanda. En Ámsterdam asiste al primer congreso mundial de la paz, y ya de regreso en Madrid funda con Alberti y otros intelectuales la revista quincenal, vinculada al Partido Comunista, Octubre, en la que publica una de sus primeras obras de teatro comprometido, Huelga en el puerto. La pareja volvería en 1934 a la URSS donde asistió al Primer Congreso de Escritores Soviéticos. Su actividad política se incrementó conforme la República se resquebrajaba por las sucesivas crisis: en 1934 viajó a Estados Unidos con objeto de recoger ayudas para los obreros de la Revolución de Asturias.

La Guerra Civil los sorprende en Ibiza, de donde logran huir a Madrid. Como secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas fundó la revista El Mono Azul. Contra viento y marea y Juego limpio son las dos novelas que publica entonces en las que funde en la trama sus propias experiencias. La República la nombra subdirectora del Consejo Central del Teatro y se pone al frente del trasladado a Valencia de los fondos del Museo del Prado y del Monasterio del Escorial. María Teresa sacó 64 obras, entre ellas dos de Velázquez, Las Meninas y el retrato del Conde Duque de Olivares, que sufrió daños por no disponer del embalaje adecuado.

María Teresa León y Rafael Alberti, a su llegada a Madrid tras su largo exilio, en 1977. / Foto: El País
María Teresa León y Rafael Alberti, a su llegada a Madrid tras su largo exilio, en 1977. / Foto: El País

Como responsable teatral creó Las Guerrillas del Teatro en el Ejército del Centro, escribió más teatro de urgencia y codirigió el estreno absoluto de Los Títeres de cachiporra de García Lorca, una pieza concebida en 1921 pero trabajada a lo largo de los años.“Nuestros guerrilleros eran soldados”, escribe en sus memorias. “Todos éramos soldados. Teníamos nuestra ración de pan. ¡Pan cuando Madrid apenas comía!’ Y cantábamos”.

Tras la derrota de la República, pasa a Orán, de allí a Francia y luego a Argentina donde residió durante 23 años y donde nació su hija Aitana. En Buenos Aires su prosa alcanzó su madurez. El regreso a Europa se dilataría hasta el mes de mayo de 1953, cuando la pareja partió hacia Roma, al barrio del Trastévere, donde perfiló su Memoria de la melancolía en medio de continuos viajes por medio mundo.

María Teresa, ya afectada por el alzhéimer, perdida ya en sí misma, y Rafael Alberti, que fue elegido diputado por el Partido Comunista, volvieron a España el 27 de abril de 1977, un año antes de aprobarse la Constitución. Sin embargo, no fue consciente del reencuentro. La enfermedad borró la memoria de la mujer que había reclamado en vano durante casi 40 años: “Una patria, Señor, una patria pequeña, como un patio o como una grieta en un muro muy sólido. Una patria para reemplazar a la que me arrancaron del alma de un solo tirón”. Fue ingresada en una residencia y murió el 13 de diciembre de 1988.

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