Lorca Romero, Vicenta

Maestra del parvulario de niñas de Fuente Vaqueros entre 1893 y 1897. Madre de Federico, Luis, Francisco, Concha e Isabel García Lorca.

Vino al mundo en el barrio granadino del Realejo. Su padre, Vicente Lorca González, falleció un mes antes de su nacimiento, por lo que madre e hija quedaron a merced de los abuelos maternos. Su madre, Concepción Romero Lucena, era natural de Santa Fe.

Vicenta Lorca reconoció de inmediato el talento de su hijo mayor, aunque también fue exigente con él. Federico la recuerda así: “Mi madre, a quien adoro, es también maestra. Dejó la escuela por las galas de labradora andaluza pero siempre ha sido un ejemplo de vocación pedagógica, pues ha enseñado a leer a cientos de campesinos […]. Ella me ha formado a mí poéticamente y yo le debo todo lo que soy y lo que seré”.

A los 13 años ingresó en el Colegio de Calderón, de la calle Recogidas, que atendía la educación de las niñas huérfanas y sin recursos y que estaba regido por religiosas. Aquella estancia quedó en su memoria para siempre por los duros métodos de enseñanza utilizados por las monjas francesas. Seguramente su anticlericalismo proceda de aquí. Nunca quiso que sus hijos estudiaran en establecimientos religiosos.

En 1890, con veinte años, obtuvo el título de maestra de Primera Enseñanza Elemental. Era, según la descripción de Antonina Rodrigo, una joven de 22 años “pequeña y delicada, de hermosos ojos y en su cara la constelación de lunares que iba a heredar su primogénito”. Su primer destino, dotado con un sueldo de 825 pesetas, fue Fuente Vaqueros. En 1893 murió su madre y su educación y sustento quedaron en manos del cura párroco de Asquerosa, Enrique García Palacios. El sacerdote estaba emparentado con una familia de ricos agricultores de Fuente Vaqueros, los García Rodríguez, de la que formaba parte Federico García Rodríguez, un labrador bien situado que en octubre de 1894 perdió a su esposa, Matilde Palacios.

Federico y doña Vicenta Lorca en el interior de la casa de la Huerta de San Vicente.
Federico y doña Vicenta Lorca en el interior de la casa de la Huerta de San Vicente. / Foto: Fundación FGL

Fue así como conoció a su futuro marido, once años mayor que ella. Ambos se casaron en agosto de 1897. En diciembre, tras saber que está embarazada dejó la enseñanza y unos meses después, el cinco de junio de 1898, nació su primer hijo Federico García Lorca.  Pero la familia no se detuvo ahí. Dos años más tarde tendrá otro hijo, Luis, que murió a los dos años. Le seguirán  Francisco (1902), Concha (1903) e Isabel (1909).

Aquellos años de infancia Federico los recordará en uno de sus primeros escritos, Mi pueblo: “Apenas salía el sol ya sentía yo en mi casa el trajín de la labor y las pisadas fuertes de los gañanes en el patio. Entre sueños percibía el sonar de balidos de oveja y el ordeñar cálido de las vacas… Algunas veces un frufrú de faldas muy suave. Era mi madre que vigilaba amorosamente nuestro sueño. Después entraba mi padre en el cuarto y nos besaba con cariño, muy despacio y aguantando la respiración, como si no quisiera despertarnos…”.

Vicenta Lorca reconoció de inmediato el talento de su hijo mayor, aunque también fue exigente con él. Federico la recuerda así: “Mi madre, a quien adoro, es también maestra. Dejó la escuela por las galas de labradora andaluza pero siempre ha sido un ejemplo de vocación pedagógica, pues ha enseñado a leer a cientos de campesinos, y ha leído en alta voz por las noches para todos, y no ha desmayado un momento en este amoroso afán por la cultura. Ella me ha formado a mí poéticamente y yo le debo todo lo que soy y lo que seré”. Las lecturas de autores extranjeros como Víctor Hugo dejaron una huella evidente en la formación del futuro escritor.

Vicenta Lorca con sus dos hijas, Isabel, a la izquierda, y Concha, en el domicilio de la Acera del Casino.
Vicenta Lorca con sus dos hijas, Isabel, a la izquierda, y Concha, en el domicilio de la Acera del Casino. / Foto: Fundación FGL

En 1906 la familia se traslada a Asquerosa (actualmente Valderrubio) para que el padre atendiera sus múltiples negocios. Tres años después el padre trató de asegurar la formación de sus hijos y se mudaron a Granada, primero a la Acera del Darro, luego provisionalmente a la Gran Vía y en 1917 a la Acera del Casino. Este será el último domicilio de los Lorca en Granada, aparte de la Huerta de San Vicente, antes de trasladarse a Madrid en 1933. La salud de Vicenta no fue nunca muy buena. Pasó alguna temporada en el Hospital Noble de Málaga y era habitual que la familia frecuentara el balneario de Lanjarón por sus problemas hepáticos.

La familia Lorca abandonó España camino del exilio en 1940. Federico García Rodríguez murió en  Nueva York en 1945.  Su viuda, acompañada de sus hijas y sus nietos, regresó a Madrid en 1951. Doña Vicenta nunca quiso volver a pisar Granada.

En junio de 1936 la familia preparó el regreso estival a Granada pero los acontecimientos se precipitaron. La sublevación militar triunfó el mismo día de la celebración del día de San Federico y la Huerta de San Vicente, el apacible retiro de la familia desde 1926 (don Federico la compró un año antes y la reformó), fue incordiada por grupos de gente armada. A final de julio fue detenido el alcalde socialista de Granada, Manuel Fernández-Montesinos, casado con Concha García Lorca.

El 9 de agosto Federico se marchó de la Huerta ante la persistencia de los registros y se refugió en casa de Luis Rosales donde fue detenido el día 16 y luego asesinado entre Víznar y Alfacar.  El mismo día 16 fue fusilado Fernández-Montesinos.

La familia Lorca abandonó España camino del exilio en 1940. Federico García Rodríguez murió en  Nueva York en 1945.  Su viuda, acompañada de sus hijas y sus nietos, regresó a Madrid en 1951. Doña Vicenta nunca quiso volver a pisar Granada. Murió el 9 de abril de 1959.