Méndez Cuesta, Concha

Concha Mendez Cuesta

Poeta, dramaturga y pionera en la defensa de los derechos de la mujer, nacida en Madrid el 27 de julio de 1898 y fallecida en el exilio en México el 7 de diciembre de 1986. Formó parte de la Generación del 27. Inquieta viajera, su vida adulta fue un constante ir y venir de un país a otro hasta que la Guerra Civil la forzó a un exilio estable y duradero en México. Perteneció a Las Sinsombrero, el grupo de creadoras que en los años veinte y treinta del siglo XX se rebeló contra una sociedad misógina cuyas normas no dudaron transgredir cuantas veces fue necesario. En 1919 conoció en San Sebastián a Luis Buñuel con quien mantuvo una relación sentimental que duró siete años. En 1932 se casó con el poeta y editor Manuel Altolaguirre con quien emprendió numerosas aventuras literarias en distintos países. Los testigos de su enlace fueron Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre y Jorge Guillén. Lorca les regaló una selección de sus Canciones que luego editaron. Vivió con Altolaguirre hasta que, en 1944 en México, la abandonó por la cubana María Luisa Gómez Mena. Su obra se centra en la poesía (su primer libro Inquietudes se publicó en 1926) y en el teatro (firmó una docena de piezas dramáticas).

Concha Méndez aprovechó todas las facilidades de nacer en una familia adinerada y liberal para asegurar su independencia. Su juventud estuvo marcada por el deporte: fue campeona en gimnasia y natación. Tras la aventura amorosa con Buñuel, inició un periplo que la llevó por Londres, Montevideo y Buenos Aires. A su regreso a Madrid frecuentó la tertulia de la Granja El Henar donde conoció a García Lorca y a otros miembros de la Generación del 27. Sus ideas avanzadas en los derechos de la mujer la convirtieron en una pionera desde que en 1926 fundara el Liceo Club Femenino que dirigió María de Maeztu. Allí Méndez organizó recitales de Lorca y Alberti.

Perteneció a Las Sinsombrero, el grupo de creadoras que en los años veinte y treinta del siglo XX se rebeló contra una sociedad misógina cuyas normas no dudaron transgredir cuantas veces fue necesario.

Un día, en aquel Madrid de los años veinte bajo la sombra de la Dictadura de Primo de Rivera, Concha Méndez y sus amigos, en particular la pintora Maruja Mallo, decidieron plantar cara a aquella sociedad misógina quitándose el sombrero durante un paseo por Madrid para escándalo de los paseantes más timoratos y conservadores. Los pioneros de aquel desplante fueron Federico García Lorca, Salvador Dalí, Margarita Manso y Maruja Mallo.

Homanaje a Luis Cernuda en 1936.
Banquete ofrecido a Luis Cernuda (presidiendo la mesa) en Los Galayos, entonces Casa Rojo, el 29 de abril de 1936. Sentados, de izquierda a derecha: Eugenio Imaz, (sin identificar), Helena Cortesina, Manuel Fontanals (oculto tras Cortesina), Santiago Ontañón, María Antonieta Agenaar, Concha Méndez, La Argentinita y J. E. Morena Báez. De pie, de izquierda a derecha: Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Pablo Neruda, José Bergamín, Manuel Altolaguirre, María Teresa León y Víctor María Cortezo. / Foto: Fundación FGL

La propia Concha Méndez lo contó en el libro de recuerdos (Memorias habladas, memorias armadas) que al final de su vida dictó a su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre: “Íbamos muy bien vestidas, pero sin sombrero a caminar por el Paseo de la Castellana. De haber llevado sombrero, decía Maruja [Mallo], hubiese sido un globo de gas: el globo atadito a la muñeca con el sombrero puesto. En el momento de encontrarnos con alguien conocido, le quitaríamos al globo el sombrero. El caso es que el sinsombrerismo despertaba murmullos en la ciudad”. A ellas se unieron María Teresa León, Ernestina de Champourcín, María Zambrano y Rosa Chacel, entre otras. Méndez reprochó a Gerardo Diego no haber incluido a ninguna mujer en la primera edición (1931) de Poesía Española. Antología 1915-1931 que reunió a los creadores del 27. En la segunda (1934) aparecieron Josefina de la Torre y Ernestina de Champourcín.

 

Manuel Altolaguirre y Concha Méndez.
Manuel Altolaguirre y Concha Méndez.

Entre 1933 y 1935 Méndez y Altolaguirre, que se habían casado después de poner en circulación la revista Héroe, se mudaron a Londres donde vivieron una experiencia trágica: Concha perdió al hijo que esperaba, aunque pronto quedó de nuevo embarazada de su hija Paloma. Un año después de su vuelta a Madrid estalló la Guerra Civil. El matrimonio no dudó en tomar partido por la República, aunque se marchó con su hija al extranjero. Poco antes de acabar la contienda se reunió en Barcelona con su marido y comenzó un interminable exilio por Francia (donde se enteró del asesinato de Federico a través de Francisco García Lorca), Cuba y México. Concha Méndez siguió editando la revista Hora de España fundada en Valencia por los intelectuales de la Segunda República y ayudando en México a los exiliados españoles. Luis Cernuda vivió en su casa durante cerca de una década.

“En aquel tiempo yo no había hecho reflexión alguna sobre la poesía; los poemas me salían a todas horas y en todas partes sin proponérmelo.”

Mientras todo aquello ocurría su obra poética siguió creciendo. Niño y sombras (homenaje al hijo perdido: “El ángel de la fe nada sirve”); Lluvias enlazadas; Poemas. Sombras y sueños, y Villancicos de Navidad, son los títulos aparecidos desde el comienzo de la guerra al exilio. “En aquel tiempo yo no había hecho reflexión alguna sobre la poesía; los poemas me salían a todas horas y en todas partes sin proponérmelo. Por eso creo que ahora sale por que sí; el que nace, nace”, recuerda en sus memorias. De 1944 a 1979 dejó de publicar. Su último libro fue Vida o río.

En 1991 aparecieron sus memorias orales, un conjunto de grabaciones inducidas por su nieta Paloma Ulacia.