Jiménez Mantecón, Juan Ramón

Poeta español, ganador del Premio Nobel en 1956, uno de los representantes de la corriente de la poesía pura, incluido por la crítica dentro del Novecentismo literario de principios del siglo XX. Muy vinculado a la Residencia de Estudiantes, fue maestro de los jóvenes poetas de la Generación del 27. Entabló amistad con Federico García Lorca cuando este se trasladó a Madrid, a partir de 1919.

En Madrid conoció a Federico García Lorca. Desde el principio ejerció cierto magisterio sobre él, aconsejándole sobre sus primeros poemas. Le publicó textos en la revista ‘Índice’ y fue con él a Granada para conocer la ciudad.

Hijo de Víctor Jiménez y de Purificación Mantecón, dedicados al comercio de vinos, vivió de pequeño en una familia de buena posición económica. Estudia en Huelva y en el Puerto de Santa María el Bachillerato y se marcha a Sevilla dispuesto a ser pintor. Allí frecuenta el Ateneo, comienza a escribir sus primeros textos y a colaborar en la prensa. Nunca terminó la carrera de Derecho, que había comenzado obligado por su familia. En 1900 se traslada a Madrid donde, en 1913, conoce a Zenobia Camprubí, que será su compañera y ayudante durante toda su vida. Juan Ramón Jiménez, muy vinculado a la Residencia de Estudiantes, colaboró con su director, Jiménez Fraud, en distintos proyectos (fue director, por ejemplo, de las Ediciones de la Residencia de Estudiantes e hizo algunas traducciones para esta), vivió allí algunas temporadas o fue visitante asiduo.

De izquierda a derecha, Federico García Lorca, Zenobia Camprubí, Isabel García Lorca, Emilia Llanos y Juan Ramón Jiménez en el paseo de los Cipreses del Generalife en el verano de 1924.
De izquierda a derecha, Federico, Zenobia Camprubí, Isabel García Lorca, Emilia Llanos, Juan Ramón Jiménez y Concha García Lorca en el Paseo de los Cipreses del Generalife, en el verano de 1924. / Foto: Fundación FGL

En Madrid conoció a Federico García Lorca. Desde el principio ejerció cierto magisterio sobre él, aconsejándole sobre sus primeros poemas. Le publicó textos en Índice (revista que él fundó y dirigió desde 1921) y fue con él a Granada para conocer la ciudad. Todos los amigos de Federico hicieron lo posible para que la visita saliera bien, sobre todo, Emilia Llanos, Falla y su hermana, la familia Lorca…

Lorca llegó con una carta de recomendación de Fernando de los Ríos dirigida a Juan Ramón: “Muy querido poeta: Ahí va ese muchacho de anhelos románticos: recíbalo usted con amor, que lo merece; es uno de los jóvenes en que hemos puesto más vivas esperanzas”. A Federico le pareció “un hombre muy neurasténico y muy entretenido” que lo recibió con una bata negra con cordones plateados y le habló “pestes de los poetillas jóvenes de Madrid”. El anfitrión, pasado el tiempo, recordó la escena así: “Se sentó pálido, chato, lleno de lunares, en mi sofá y hablamos de todo y de todos. Él miraba estático, con algo, mucho de luna realista, ´un niño sin pies´. Muchacho de luna, mate y un poco frío”.

“Granada me ha cojido el corazón. Estoy como herido, como convaleciente. Ahí no me daba tanta cuenta”, escribió recién llegado a Madrid a Isabel García Lorca, entonces una niña de 11 años que sedujo con su inocencia al poeta de Moguer y a la que dedicó el romance titulado ‘Generalife’.

En 1916 Juan Ramón se casó con Zenobia y un año después escribió Diario de un poeta recién casado. La pareja recibió reiteradas invitaciones de Lorca para que visitaran Granada. Tras muchos retrasos, la pareja visitó la ciudad en el verano de 1924. Se alojaron en el Hotel París, situado al comienzo de la Gran Vía.  La visita, que no estuvo exenta de cierta tensión que se agravó conforme pasaban los meses, le causó buena impresión: “Granada me ha cojido el corazón. Estoy como herido, como convaleciente. Ahí no me daba tanta cuenta”, escribió recién llegado a Madrid a Isabel García Lorca, entonces una niña de 11 años que sedujo con su inocencia al poeta de Moguer y a la que dedicó el romance titulado Generalife.

Fruto de la visita y de las interpretaciones que cada cual hizo de aquellos días fue el libro Olvidos de Granada, una mezcla de recuerdos, prosas, evocaciones y cartas relacionadas con aquella visita, además de unas célebres fotografías del grupo en el Paseo de los Cipreses y en los Jardines del Partal, los espacios que atrajeron más a los visitantes.

Isabel (i) y Concha García Lorca flanquean a Juan Ramón Jiménez en esta foto ante el Palacio de Carlos V. A la izquierda, cortado está Federico.
Isabel (i) y Concha García Lorca flanquean a Juan Ramón Jiménez en esta foto ante el Palacio de Carlos V. A la izquierda, cortado, está Federico. / Foto: Fundación FGL

Tras la Guerra Civil, Juan Ramón apoyó a la República y tuvo que abandonar Madrid junto a Zenobia debido a la inseguridad. Se instalaron primero en Washington. Dejaron todo en el piso madrileño, posiblemente creyendo que volverían. Afortunadamente, la mayoría de lo que allí quedó se pudo recuperar y hoy se expone en su Casa Museo Fundación Zenobia-Juan Ramón de Moguer. En 1937 se trasladaron a Cuba y después a Miami, Washington de nuevo, Maryland (donde son contratados en la Universidad), Puerto Rico… Los Diarios de Zenobia Camprubí dan cuenta de los pesares económicos y sentimentales que formaban parte de la vida de los exiliados y su preocupación por ayudar a otros exiliados o a los niños españoles víctimas de la guerra.

En 1956 muere Zenobia, días después de que le otorgaran el Nobel a Juan Ramón. En 1958 morirá el poeta. Sus restos serían trasladados a Moguer donde le tributaron un multitudinario recibimiento.