Llanos Medina, Emilia

Amiga de Federico García Lorca y de otros artistas e intelectuales de principios del siglo XX en Granada. Estuvo ligada a la tertulia El Rinconcillo. Era una mujer con afición por la lectura, con inquietudes intelectuales y artísticas e interés por las antigüedades. Todo ello, unido a su belleza, la convirtió en un personaje magnético y fascinante.

Estableció relaciones de amistad con artistas como Ismael González de la Serna, con Federico García Lorca o con Manuel de Falla. Cuando Juan Ramón Jiménez vino a Granada con Federico, en 1924, ella los acompañó y se ocupó personalmente de hacerles la estancia agradable al poeta y a su mujer, Zenobia Camprubí.

Su padre, capitán de la Guardia Civil, estaba destinado en Villanueva del Arzobispo, donde ella nació circunstancialmente. El padre fue expedientado por problemas de juego y deudas y la familia al completo se trasladó a Granada. Su hermano se hizo militar y se marchó a Cuba. En 1899, teniendo Emilia 4 años, quedó huérfana de padre. Su madre, su hermana, su tía Concha y ella tuvieron que instalarse en las casas alquiladas que había en el recinto de la Alhambra, primero junto a la Puerta del Vino y después en la Calle Real. Más tarde, Emilia Llanos se trasladaría al piso de Plaza Nueva número 1, donde Federico García Lorca la visitó en numerosas ocasiones.

Su salud delicada la recluyó en su piso durante los años de juventud. Esta circunstancia favoreció que dedicara mucho tiempo a la lectura en una época en que no era habitual que las mujeres tuvieran formación literaria o intelectual. Estableció relaciones de amistad con artistas como Ismael González de la Serna, con Federico García Lorca o con Manuel de Falla. Cuando Juan Ramón Jiménez vino a Granada con Federico, en 1924, ella los acompañó y se ocupó personalmente de hacerles la estancia agradable al poeta y a su mujer, Zenobia Camprubí.

De izquierda a derecha, Federico García Lorca, Zenobia Camprubí, Isabel García Lorca, Emilia Llanos y Juan Ramón Jiménez en el paseo de los Cipreses del Generalife en el verano de 1924.
De izquierda a derecha, Federico García Lorca, Zenobia Camprubí, Isabel García Lorca, Emilia Llanos y Juan Ramón Jiménez en el paseo de los Cipreses del Generalife en el verano de 1924. / Foto: Fundación FGL

Con Ismael González de la Serna mantuvo correspondencia durante muchos años, primero cuando él estaba en Madrid y después en París. Se conservan las cartas de él, donde continuamente la invita a visitar ambas ciudades. Fue precisamente a través de Ismael de la Serna como conocerá a Federico García Lorca, que quedó conmocionado ante una mujer que leía a Maeterlinck. Ella fue a más e interpretó la amistad, plasmada en varias cartas y dedicatorias, en amor figurado. No obstante, ambos mantuvieron la relación hasta  el asesinato del poeta en 1936. Emilia Llanos asistió al homenaje a Margarita Xirgu celebrado en 1929 en el Hotel Alhambra Palace con motivo del estreno en Granada de Mariana Pineda.

En el verano de 1936, la familia Lorca barajó ocultar a Federico en la casa de Emilia Llanos que, a causa de los lazos familiares, tenía buena relación con el bando sublevado. Cuando el 16 de agosto Federico fue detenido en casa de la familia Rosales, sus padres pidieron a Emilia que avisara a Falla para que intercediera por él. Parece ser que, cuando iba de camino al carmen de la Antequeruela donde residía el compositor a darle el aviso, le llegó la noticia del asesinato Lorca y no llegó a subir. El caso es que esto provocó en ella un sentimiento de culpabilidad toda su vida. Cuando el hispanista Agustín Penón vino a Granada en 1956 para investigar la muerte de Lorca, Emilia Llanos colaboró con él compartiendo sus recuerdos y acompañándolo a los lugares de la muerte. Falleció en 1967, obsesionada con Federico.