Villalón-Daoíz y Halcón, Fernando

Fernando Villalon

Fernando Villalón fue un peculiar y fascinante personaje, casi indefinible si se suman todos los títulos y aficiones que acumuló en su corta vida. Fue ganadero, además de escritor y aristócrata (era conde de Miraflores de los Ángeles), propietario agrícola (entre otras fincas era dueño del Cortijo de la Sierra de Gibalbín y de la Dehesa Majada Vieja cerca de Lebrija), teósofo, amigo de los poetas de la Generación del 27 y soñador (bromeaba con que su ideal era criar toros con los ojos verdes). Nació en Sevilla el 31 de mayo de 1880 y falleció arruinado en una clínica de Madrid, acompañado de su mujer, Concha Ramos, el 8 de marzo de 1930. Fue alumno del colegio de los Jesuitas del Puerto, donde lo habían precedido Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti y Pedro Muñoz Seca.

En el encuentro de Pino Montano se alternaron la amistad, la celebración, el compañerismo y la literatura. Después de brindar por Góngora, Villalón dirigió una delirante sesión de hipnotismo con Rafael Alberti como víctima.

Villalón publicó algunos libros de prosa y versos tan legendarios como su propia vida. Su bibliografía es corta pero inolvidable: Andalucía la Baja, La Toriada y el Romance del 800. El primero, aparecido en octubre de 1926, es una especie de lección enamorada sobre la Andalucía donde vivió; el segundo, publicado en agosto de 1928, contiene una colección de poemas sobre el toro desde un punto de vista mitológico; y el tercero, de abril de 1929, solo un año antes de su fallecimiento, es un poema sobre hechos históricos. Entre su obra póstuma destacan Taurofilia racial, escrita en mayo de 1926, un ensayo histórico y crítico sobre los toros y el toreo compuesto en una prosa farragosa (“es un becerro que se me revuelve”, dijo de él) y el drama de contrabandistas Juan Fermín de Plateros, además de unos cuadernos que recogió su amigo Ignacio Sánchez Mejías pero que nunca aparecieron. Toda su obra publicada, pues, apareció en el entorno del encuentro fundacional de la Generación del 27 en el Ateneo de Sevilla.

Fernando Villalón con la garrocha.
Fernando Villalón con la garrocha.

Las relaciones de Villalón y los grandes poetas del 27 y contemporáneos fueron estrechas. Los Romances del 800 llevan la siguiente dedicatoria: “A Juan Ramón Jiménez, en recuerdo de nuestra niñez encarcelada en los jesuitas del Puerto”.

Con Federico García Lorca coincidió en una larga fiesta literaria en la finca Pino Montano propiedad del torero Ignacio Sánchez Mejías tras la reunión de la Generación del 27 en Sevilla. Villalón, igual que Cernuda y otros colaboradores de la revista Mediodía, asistió al acto fundacional, aunque no aparece en la foto que se convirtió en el símbolo generacional. En la imagen solo aparecen Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Romero Martínez, Manuel Blasco, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego.

Celebración del tricentenario de Góngora en el Ateneo de Sevilla en diciembre de 1927. De izquierda a derecha: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Romero Martínez (presidente de la sección de literatura del Ateneo), Manuel Blasco Garzón (presidente del Ateneo de Sevilla), Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego.
Celebración del tricentenario de Góngora en el Ateneo de Sevilla en diciembre de 1927. De izquierda a derecha: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Romero Martínez (presidente de la sección de literatura del Ateneo), Manuel Blasco Garzón (presidente del Ateneo de Sevilla), Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego.

En el encuentro de Pino Montano se alternaron la amistad, la celebración, el compañerismo y la literatura. Según describe la investigadora Eva Díaz Pérez, después de brindar por Góngora, Villalón dirigió una delirante sesión de hipnotismo con Rafael Alberti como víctima. “Luego hubo flamenco, recital jocoso-gongorino de Dámaso Alonso, bromas dadaístas de García Lorca, disfraces moriscos de Jorge Guillén y Gerardo Diego y visita al cercano manicomio de Miraflores para descubrir los perfiles acerados de la locura surrealista”, escribe.

Su decadencia, sin embargo, fue tan rápida como su fulgor literario. En una carta a su primo Manuel Halcón prevé la llegada de la República: “Temo mucho la prueba a que va a ser sometida la aristocracia del tiro de pichón o de las codornices (por llamarla de alguna manera) aunque ya el rey sabrá con quien se juega el dinero”.

Tras vender sus tierras y su ganadería (supuestamente a Juan Belmonte) su estrella se oscureció y sufrió el desprecio de algunos de sus amigos. “Este ha sido el fracaso de mi vida. Les pasé a muchos la pluma de la ironía por la cara creyendo que no les hacía un daño definitivo. Luego los olvidaba, pero ellos no me olvidaban a mí y aparecían por todas partes. A veces creo que he tenido abierto un circo gratuito. Los que se reían se iban luego sin dejar nada y los tontos que aguantaron mis golpes se quedaban dentro esperando cobrar”, confiesa a Manuel Halcón, en el libro Recuerdos de Fernando Villalón. Poeta de Andalucía la Baja y ganadero de toros bravos aparecido en 1951.