Ontañón González, Santiago

Escenógrafo, ilustrador, dramaturgo, actor y director cinematográfico, nació en Santander en 1903. Perteneció a la Generación del 27 y desplegó una gran actividad, fundamentalmente teatral, con personalidades como Federico García Lorca (en el éxito y en el fracaso), Margarita Xirgu, Pepín Bello, Rafael Alberti, María Teresa León, Concha Méndez, Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Manuel Fontanals, entre otros. También participó en el estreno de obras de dramaturgos como Enrique Jardiel Poncela y Alejandro Casona. Durante la Guerra Civil formó parte de los grupos teatrales de “guerrilla” de María Teresa León que recorrían el frente y ponían en escena obras de agitación política y versiones de clásicos. Vivió exiliado en Chile y Uruguay. En los años cincuenta regresó a Madrid y retomó su carrera cinematográfica, ahora como intérprete en películas dirigidas, entre otros, por Sáenz de Heredia, Fernán Gómez y Pedro Lezaga. Está considerado como uno de los grandes maestros de la escenografía y del diseño de figurines. Murió en Madrid, enfermo y solo, el 26 de agosto de 1989.

Ontañón llegó a Madrid, desde su Santander natal, y siendo un muchacho frecuentó las tertulias de la Granja del Henar y El Pombo. Una de sus primeras colaboraciones teatrales fue en el ruidoso estreno de El maleficio de la mariposa, el debut teatral de García Lorca en el Teatro Eslava de Madrid en 1920 con Catalina Bárcena y Gregorio Martínez Sierra. “El estreno fue desastroso”, recuerda Ontañón. “Fue uno de los estrenos madrileños en que se venían abajo los techos del pateo”.

Poco después se traslada a París, donde construyó su primera escenografía para una compañía de ballet rusa, y colaboró como ilustrador de Revista de Occidente y La Esfera. En 1927 retoma en Madrid su carrera como escenógrafo, en este caso para el teatro lírico.

Estando con García Lorca en el verano de 1928 en la Residencia de Estudiantes leyeron en un ejemplar de Abc la noticia sobre el crimen de Níjar que se transformaría en 1933 en Bodas de sangre, para cuyo estreno elaboró la escenografía por encargo del propio Federico. Tras la proclamación de la Segunda República, se une a La Barraca para la que elaboró los decorados de La tierra de Alvargonzález, de Antonio Machado, y los dibujos para el cuadernillo explicativo, editado por Manuel Altolaguirre, que se repartía entre el público antes de las funciones.

Atiende el teatro sin olvidar su otra pasión, el cine. En 1935 dirigió su primera película, Los claveles, basada en una zarzuela homónima. Cuando se produce la sublevación militar de 1936, Ontañón estaba preparando la versión cinematográfica de La feria de los discretos de Baroja. María Teresa León lo requiere como escenógrafo para las Guerrillas del Teatro del Ejército del Centro. En 1937 preparó las escenografías para el estreno póstumo de Los Títeres de Cachiporra en el Teatro de la Zarzuela, así como para la adaptación que hizo Rafael Alberti de Numancia de Cervantes en la que los romanos aparecían con uniformes fascistas.

En octubre de 1939, una vez acabada la guerra, un grupo de republicanos, en el que estaba Ontañón, pidió asilo en la Embajada de Chile en Madrid en la que figuraba como encargado de Negocios el gran amigo de Lorca, Carlos Morla Lynch. Si la embajada, durante la guerra, había acogido a franquistas y aristócratas que temían por su vida en el Madrid republicano, cuando acabó el conflicto se abrió a los refugiados del bando perdedor. En aquellos encierros interminables, nació la idea de editar primero un periódico, El Cometa, y luego La luna, una revista de creación artística de fuerte contenido político para la cual Ontañon ilustró y escribió en todos los números.

Gracias a las gestiones diplomáticas, las últimas trece personas acogidas en la embajada se exiliaron en Santiago de Chile, ciudad donde ya residían otros republicanos, entre ellos Margarita Xirgu. Ontañón fue uno de los que convencieron a la Xirgu de que volviera al teatro y fundara la Escuela de Arte Dramático.

De Chile pasó en 1943 a Uruguay donde continuó su trabajo como escenógrafo. En pocos días preparó la versión de Mariana Pineda que la Xirgu estrenó en Montevideo. “Los momentos finales de la obra eran delirantes”, recuerda Ontañón. “Sólo sé que el teatro se venía abajo”. La dama del alba de Casona y El adefesio de Alberti fueron otras de las obras montadas por ambos, aunque el que ha quedado registrado para la historia es el de La casa de Bernarda Alba el 8 de marzo de 1945 en el Teatro Avenida de Buenos Aires, a partir del texto que Lorca trabajó en la casa de la familia Rosales en agosto de 1936, poco antes de su asesinato.

En los años 50 regresó a España y, para sobrevivir, continuó su carrera como actor de cine. Trabajó en numerosas películas como Juego de niños, Faustina. La vida por delante, Miss cuplé, Solo para hombres, Tómbola o El verdugo. En esta última representaba a Corcuera, un franquista que predicaba la bondad del garrote vil.

A finales de los ochenta la enfermedad mella su actividad, publica sus memorias Unos pocos amigos verdaderos en 1988 y muere al año siguiente.