Palacios Ríos, Matilde

Primera esposa de Federico García Rodríguez. Matilde nació en Fuente Vaqueros en 1860, hija de Manuel Palacios Caballero, un agricultor enriquecido, propietario de tierras, que además explotaba varias fincas del Soto de Roma en régimen de cesión. La madre de Matilde Palacios, que gozaba también de una posición acaudalada, construyó en 1880 para los recién casados una casa en la calle Trinidad número 4 del pueblo. Según Ian Gibson, tras el enlace, Federico García Rodríguez trabajó para su suegro.

En los primeros años de convivencia del primer matrimonio, el joven Federico García Rodríguez consolidó su posición en la Vega de Granada: heredó de su padre el puesto de secretario del alcalde de Fuente Vaqueros, un cargo que le facilitó su nombramiento como juez municipal interino.

La felicidad de la pareja se enturbió pronto. El descubrimiento de que Matilde Palacios no podía tener hijos provocó en el matrimonio una gran contrariedad. El 4 de octubre de 1894, es decir, 14 años después del casamiento, Matilde falleció inesperadamente de una obstrucción intestinal. Federico García Rodríguez se convirtió en el dueño vitalicio de la casa y además heredó de su mujer una suma importante de dinero que colmó su ya holgado patrimonio personal.

Una parte del dinero la invirtió el viudo en comprar otras tierras, entre ellas la finca donde está enclavado el Cortijo Daimuz (1895) que, a los pocos años, se convirtió en la propiedad más rentable gracias al desvío de agua de riego.

En 1897 Federico García Rodríguez se casó en segundas nupcias con una joven maestra destinada a la escuela de Fuente Vaqueros, Vicenta Lorca Romero, con la que tuvo cinco hijos: Federico (1898-1936), Luis (1898-1900), Francisco (1902-1976), Concha (1903-1962) e Isabel García Lorca (1909-2002). Hay indicios de que Vicenta Lorca y Matilde Palacios se conocieron en Fuente Vaqueros. El primer descendiente del segundo matrimonio de García Rodríguez fue Federico García Lorca.

“Mi padre se casó viudo con mi madre. Mi infancia es la obsesión de unos cubiertos de plata y de unos retratos de aquella otra que pudo ser mi madre, Matilde Palacios”, confesó el poeta en 1928 en una entrevista aparecida en La Gaceta Literaria de Ernesto Giménez-Caballero.

En la casa museo de Fuente Vaqueros se conserva uno de los escasos, si no el único, recuerdo de Matilde Palacios, un almirez con sus iniciales grabadas.