Natera Ladrón de Guevara, María Luisa

Joven cordobesa que, según el testimonio de una de sus hijas, conoció siendo adolescente, en 1916, a Federico García Lorca en el balneario de Lanjarón donde la madre del poeta, Vicenta Lorca, acostumbraba a tomar las aguas para mejorar una dolencia hepática. Fue la segunda de las enamoradas que se le atribuyen al poeta junto a, según Manuel Ángeles Ortiz, María Luisa Egea, una de las chicas más guapas de Granada en los años veinte que era asidua a El Rinconcillo.

Era rubia, de ojos azules y le gustaba la música popular andaluza, tocaba a Granados, a Albéniz… Mantuvieron una correspondencia, según la hija, que fue destruida por la familia. La presunta relación entre ambos se interrumpió debido a la “poca virilidad” del poeta.

Según las investigaciones de Ian Gibson, la joven, que contaba 14 años frente a los 18 de Federico, inspiró los primeros poemas de amor al poeta. Su padre era un ganadero cordobés y su hermano, Mariano, también hizo amistad con Federico en el balneario. Según el testimonio de la hija de María Luisa, Federico se enamoró de ella y tocaban el piano a cuatro manos. Era rubia, de ojos azules y le gustaba la música popular andaluza, tocaba a Granados, a Albéniz… Mantuvieron una correspondencia, según la hija, que fue destruida por la familia. La presunta relación entre ambos se interrumpió debido a la “poca virilidad” del poeta.

Sin embargo, hay varias objeciones al encuentro de María Luisa y Federico. Primero, las cartas que intercambiaron no existen; segundo, no está documentado que la familia Lorca visitara Lanjarón en época tan temprana. Según Isabel García Lorca las estancias empezaron en 1923 o 1924. Además el hotel donde supuestamente se produjo el encuentro no fue inaugurado hasta 1917.

María Luisa Natera se casó después con otro granadino, pintor. Murió en Madrid en 1983.