Hernández Gilabert, Miguel

Escritor español perteneciente a la Generación de 1936. Nació en Orihuela (Alicante) en octubre de 1910 en una familia de siete hermanos de los que sólo sobrevivieron cuatro. Su padre se dedicaba a la cría y venta de ganado, negocio en el que Miguel tuvo que ayudar hasta que se fue a Madrid, de ahí que se le conozca como el “poeta pastor”. Hizo el bachillerato en el colegio de Santo Domingo de Orihuela, centro de jesuitas. En 1925 deja de estudiar para dedicarse al pastoreo, aunque dispuso de la biblioteca personal del canónigo Luis Almarcha Hernández que le permitió el conocimiento de los clásicos. Formó un grupo literario en torno a la tahona de su amigo Carlos Fenoll, adonde asistiría entre otros José Marín Gutiérrez, que firmaba con el seudónimo de Ramón Sijé y a quien años más tarde Hernández dedicó su Elegía. Pronto se compra una máquina de escribir de segunda mano con la que sube al monte a vigilar sus cabras.

En 1931 recibe el único premio literario de su vida. Se lo concede la Sociedad Artística del Orfeón Ilicitano por el poema Canto a Valencia. Había empezado a publicar en revistas y periódicos locales y a finales de año viaja a Madrid y conoce a muchos de los poetas de la Generación del 27.

Durante 1932 Miguel hace continuos viajes a Murcia a casa del periodista Raimundo de los Reyes para corregir las pruebas de su libro Perito en Lunas. En casa de De los Reyes, a los 22 años, conoce a García Lorca, que se encontraba de gira con La Barraca. Miguel le recita algunas composiciones de su obra y Federico expresa su admiración por los poemas y promete promocionarlo en Madrid. Sin embargo, cuando aparece el libro Hernández comprueba que nadie, ni siquiera Lorca, le dedica una reseña. Miguel se siente traicionado y le escribe una serie de cartas a Federico que le responde con ánimos y consejos para que siga trabajando y no sucumba a la vanidad, como parece que le ocurrió en su primer encuentro. Lorca y Hernández nunca congeniaron. Posiblemente a partir del intercambio de cartas, Hernández se sintió decepcionado y Federico no entendió que ese joven que parecía tan vanidoso y exigente solo era un apasionado, un luchador, que tenía prisa porque no tenía sustento alguno para poder esperar.

Federico siempre que pudo evitó encontrarse con Miguel, aunque coincidieron sin duda en algunos actos culturales como en el homenaje al pintor Hernando Viñes, en 1936. En la fotografía que inmortalizó aquel momento, se les puede ver a los dos en la fila de pie.  Cuando asesinaron a Lorca, Hernández compuso una bella y sentida elegía recogida en Viento del pueblo (1937).

En 1934 publica en Cruz y Raya su auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras, participa en las Misiones Pedagógicas y encuentra trabajo como redactor en la enciclopedia taurina de José María de Cossío. Colabora asiduamente en la Revista de Occidente y conoce a Maruja Mallo con la que mantiene una relación. Durante esta época escribió El rayo que no cesa. Hizo una amistad especial con Vicente Aleixandre que duraría toda su vida, así como con Pablo Neruda. Regresa a su pueblo en verano y formaliza su relación con Josefina Manresa. En 1935 muere Ramón Sijé y Hernández escribe una Elegía que despierta el interés y la admiración de Juan Ramón Jiménez.

La Guerra Civil le sorprende en Orihuela y se alista en el bando republicano. Se afilia al PCE y llega a ser comisario político. Estuvo en varios frentes y escribió textos y poemas para animar a los soldados del frente. En marzo se casa con Josefina Manresa y se marchan al frente de Jaén. Asiste al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura en Valencia. Participa en la Unión Soviética en el V Festival de Teatro Soviético en nombre de la República. Publicó Viento del pueblo, Teatro en la guerra y El labrador de más aire.  Su primer hijo murió a los pocos meses de nacer, en 1938. En enero de 1939 nació su segundo hijo, Manuel Miguel, a quien dedicó las Nanas de la cebolla que era el único alimento con que madre e hijo sobrevivían.

Terminada la guerra, a pesar de que Cossío le ofreció irse a Tudanca o de que pidieron asilo para él en la embajada de Chile, se empeña en volver a Orihuela. Al ver el riesgo que corría, decide cruzar la frontera de Portugal con la mala suerte de que cuando había pasado, la policía portuguesa lo detiene (pensaron que era un ladrón por el reloj de oro que llevaba, un regalo de boda que le hizo Aleixandre) y lo devuelven a la frontera española. Aquí comenzó su peregrinar por las cárceles franquistas. Lo enviaron a la cárcel de Sevilla y de allí al penal de la calle Torrijos de Madrid. Quizá gracias a las gestiones de Neruda o a las de Cossío, lo pusieron en libertad en septiembre de 1939, pero de vuelta en Orihuela es delatado y detenido. En Madrid fue juzgado y condenado a muerte en 1940. Más tarde, su condena es conmutada por 30 años de prisión. Es trasladado a las cárceles de Palencia y Ocaña. En 1941 pasa al Reformatorio de Adultos de Alicante. Se agrava su enfermedad pulmonar y se complica con tuberculosis. Las autoridades competentes no le permiten su traslado a un hospital. Muere en la enfermería de la prisión alicantina y es enterrado en Alicante en 1942 con 31 años.