García Rodríguez, Isabel

Isabel-García-Rodríguez

Hermana menor de Federico García Rodríguez, padre de Federico García Lorca y, por tanto, tía del poeta, nacida en Fuente Vaqueros el 9 de abril de 1876. Falleció en Valderrubio con 97 años en 1973. Isabel tuteló los largos periodos de la infancia y adolescencia de Federico García Lorca y sus hermanos cuando su madre, doña Vicenta Lorca, cayó enferma tras el parto de la pequeña Isabel y tuvo que ingresar por temporadas en el Hospital Noble de Málaga. La tía Isabel vivió con la familia Lorca en la Acera del Darro desde que llegaron a Granada procedentes de Valderrubio en 1909 hasta que se casó en 1914 con José Roldán Benavides, hijo de unos labradores acomodados de Asquerosa-Valderrubio y perteneciente a la familia de los Roldán, quienes, con el tiempo, se convirtieron en enemigos declarados del padre de Federico tanto por los conflictos por las lindes de las fincas como por sus convicciones políticas desiguales. La tía Isabel, como otros familiares de la rama de los García, tenía un oído extraordinario para la música y solía cantar, como la prima Aurelia González García, antiguas habaneras que impregnaron la memoria de Federico y sus hermanos. Ian Gibson, que la conoció con 90 años recién llegado a Granada en 1966, recuerda que Isabel “hablaba con una extraordinaria vitalidad, de prisa y con una gran dosis de humor, riéndose mucho”.

La tía Isabel, como otros familiares de la rama de los García, tenía un oído extraordinario para la música y solía cantar antiguas habaneras que impregnaron la memoria de Federico y sus hermanos.

Vicenta Lorca, siempre de salud delicada, enfermó gravemente tras el nacimiento ya en Granada de Isabel en octubre de 1909 y por consejo médico pasó largos periodos de convalecencia en el Hospital Noble de Málaga donde recibió las visitas del marido y de los hijos mayores, Federico, Francisco y Concha. Durante esas etapas tomaron las riendas de la casa la tía Isabel y la todopoderosa criada Dolores La Colorina. El carácter fuerte de Dolores contrastaba con el espíritu contenido de la tía, lo que era fuente de constantes tiras y aflojas. El viaje en tren de Granada al hospital de Málaga era entonces una aventura de seis horas. Francisco lo evoca así: “Sería inolvidable el paso por los pintorescos alrededores de Loja, donde un increíble número de mujeres, con voces atipladas, pregonaban el agua […]. Mi padre se apeaba para comprar dos gráciles botijillas y un caudal de roscos, tan finos, que el enorme volumen, envuelto en papel blanco, apenas tenía peso: parecía lleno de aire”.

Isabel García Rodríguez, izquierda, junto a la madre de Federico, Vicenta Lorca.
Isabel García Rodríguez, izquierda, junto a la madre de Federico, Vicenta Lorca.

Francisco evoca también a la tía Isabel punteando la guitarra y entonando viejas habaneras. “Estas canciones debieron hacer mella en el ánimo de Federico, ya que mucho más tarde, mezclando el lánguido sentimiento de la canción con ironizado lirismo aparecerían en su teatro. Aún me queda en la memoria alguna estrofa de la habanera ”. Cuando en la primavera de 1930, a la vuelta de Nueva York, Federico desembarcó en La Habana se interesó por el autor de esta canción que oyó de niño. Era el músico cubano Eugenio Florit, que le firmó un ejemplar de la pieza que aún forma parte del archivo familiar. En 1918 Federico dedicó a su tía un ejemplar de su primer libro, Impresiones y paisajes, donado por el escultor Eduardo Carretero a la Casa Natal de Fuente Vaqueros, que contiene la siguiente inscripción: “A mi queridísima tita Isabel que me enseñó a cantar siendo ella una maestra artística de mi niñez”.

Ya de vuelta de Málaga, la tía Isabel y doña Vicenta estrecharon su complicidad y no dudaban, según cuenta Isabel García Lorca, en curiosear los escritos del joven Federico. “Recuerdo una tarde, viviendo aún en la Acera del Darro, 60, en que mi madre leyó a mis primas la prosa juvenil [incluida luego en los escritos de juventud bajo el título de Mi pueblo] El compadre pastor y lloraron”. El texto fue dado a conocer años después por Francisco García Lorca en Federico y su mundo; fue escrito hacia 1916, un año antes de que la familia se trasladara provisionalmente al piso de Gran Vía, 34, y luego a la Acera del Casino, 31.

La tía Isabel, con su matrimonio con José Roldán Benavides, se convirtió en uno de los nexos entre Federico García Rodríguez y Horacio Roldán Quesada, el abogado y procurador de los tribunales a quien los investigadores Miguel Caballero y Pilar Góngora atribuyen un protagonismo cardinal en los acontecimientos que determinaron en agosto de 1936 la huida de Federico García Lorca de la Huerta de San Vicente a la casa del poeta Luis Rosales y su posterior detención y asesinato. Horacio y su hermano Miguel Roldán formaban parte, junto con otros individuos procedentes de Pinos Puente y la pedanía de Asquerosa, del grupo de incontrolados que asaltó la Huerta de San Vicente el 9 de agosto con el pretexto de dar con el paradero de los hermanos del casero, Gabriel Perea.

Isabel García Rodríguez junto al cantaor José Menese.
Isabel García Rodríguez junto al cantaor José Menese.

Los Roldán vivían desde 1909 en la calle San Antón, cerca del domicilio del matrimonio formado por Concha García Lorca y Manuel Fernández-Montesinos Lustau, alcalde socialista asesinado el 16 de agosto de 1936 en las tapias del cementerio. Allí residían también en 1922 la tía Isabel y su marido, José Roldán Benavides, emparentado también por vía materna con Francisca Alba Sierra, la mujer que inspiró a Lorca el personaje de Bernarda Alba. El matrimonio tuvo una hija, Isabel Roldán García, una sensible creadora de bordados y collage, casada luego con el escultor Eduardo Carretero.

Isabel murió en 1973. En aquella época, el mundo de los Alba seguía siendo un tabú en Valderrubio.

 

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