Consuegra Álvarez, Manuel

Profesor de Latín del Colegio Sagrado Corazón de Jesús en la calle de San Jerónimo, actual Plaza de Castillejos de Granada. En él prepararon Federico García Lorca y su hermano Francisco todo el Bachillerato mientras asistían al Instituto General Técnico como alumnos oficiales. El director, Joaquín Alemán, era pariente de Vicenta Lorca. Manuel Consuegra aparece con su nombre completo en Doña Rosita la soltera. Formó parte de la extraña pléyade de profesores que encandilaron a los hermanos García Lorca cuando, recién llegados a Granada desde Asquerosa, comenzaron a cursar sus estudios. Tanto les impresionó el cuadro de profesores que Francisco le dedicó un amplio capítulo en su libro de memorias Federico y su mundo y su hermano los inmortalizó convirtiéndolos en personajes literarios. Manuel Consuegra fue el profesor que identificó a Federico cuando se matriculó como alumno libre en el Instituto General Técnico el 15 de mayo de 1909.

Era gran aficionado a los toros y calificaba las traducciones de los estudiantes con frases taurinas, como recuerda Francisco García Lorca en ‘Federico y su mundo’: “`Olé, eso es un pase de pecho´, o una `espantá´, o un  `goyetazo´, según el acierto o el error”.

Consuegra había estudiado para sacerdote en su juventud pero finalmente se decantó por el latín. Era gran aficionado a los toros y calificaba las traducciones de los estudiantes con frases taurinas, como recuerda Francisco García Lorca en Federico y su mundo: “`Olé, eso es un pase de pecho´, o una `espantá´, o un  `goyetazo´, según el acierto o el error”.

Francisco lo recuerda como un tipo muy supersticioso. Un día, estando todos ellos en el palomar del colegio, idearon una broma: Federico, en un momento dado, gritó“¡culebra!”. “En el mismo instante, de una de las jaulas salieron unos lastimosos y agudos chillidos y cayó como fulminado uno de los mejores ejemplares de canarios del tío Joaquín. Don Manuel, entre indignado y temeroso, no se cansaba de repetir a Federico, que permanecía mudo: `¿Los ves, niño, lo ves?´”. Yo no he podido explicarme la singular coincidencia, pero tengo para mí que de entonces data la actitud de Federico ante las supersticiones: decía no creer en ellas pero, irónicamente, afirmaba que había que respetarlas”, relata Francisco.

Federico, en Doña Rosita, hace decir a Martín Sherof, otro de los profesores del Sagrado Corazón convertido en personaje teatral: “Todos los días entro temblando en el colegio esperando lo que van a hacerme, aunque, como digo, respetan mi desgracia. Hace un rato tenían un escándalo enorme, porque el señor Consuegra, que explica latín admirablemente, había encontrado un excremento de gato sobre su lista de clase”.