Ventura Traveset, Paulino

Tipógrafo destacado de una familia de impresores y libreros -cuyo origen se remonta a la primera mitad del siglo XIX- que representa, según la historiadora Cristina Viñes, “la más perfecta encarnación de la tipografía granadina”. Paulino Ventura Traveset, perteneciente a la tercera generación de tipógrafos, pasó a la historia de la literatura española por ser el editor del primer libro de Federico García Lorca, Impresiones y paisajes, aparecido en 1918.

Se introduce en el sector de la litografía, que le permite la ilustración de libros y periódicos. De este modo, Granada dejó de depender de otras ciudades para la edición.

El pionero de la saga de los Ventura es Francisco Ventura Sabatel que pone en marcha su taller hacia 1835, en los inicios del reinado de Isabel II, y lo dirige hasta su fallecimiento en 1867.  Es el más importante tipógrafo granadino de su época. Colabora con las instituciones más relevantes de la ciudad, como el Ayuntamiento de Granada.

A la muerte de Francisco, sus hijos Paulino e Indalecio se hacen cargo de la imprenta y mantienen e incrementan su importancia en la ciudad. Trasladan el taller a la plaza de Bib-Rambla y más tarde a su último emplazamiento: Calle Mesones, 52.

El primer Paulino Ventura muere en 1867. El negoció pasa a su viuda y a sus hijos, entre los cuales se encontraba el segundo Paulino, Paulino Ventura Traveset, el editor de Impresiones y paisajes.

El nuevo miembro de la saga de impresores pone al día el negocio y se introduce en el sector de la litografía, que le permite la ilustración de libros y periódicos. De este modo, Granada dejó de depender de otras ciudades para la edición.

Impresiones y paisajes fue un libro de encargo costeado por Federico García Rodríguez. El padre de Lorca, un poco desconcertado ante la vocación literaria de su hijo, consultó, antes de pagar la publicación, a Luis Seco de Lucena, editor de El Defensor de Granada, Miguel Cerón, José Mora Guarnido y Andrés Segovia. Tras recibir de estos la opinión de que el libro merecía ser publicado, aceptó y pagó la edición. El 17 de marzo de 1918, con el libro en prensa, Federico leyó algunos extractos en el Centro Artístico y Literario.