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Alfredo Corrochano, el torero que formaba parte del cartel y que estoqueó a Granadino tras la cogida mortal, relató así la cogida en una entrevista en El País el 11 de abril de 2000: “La cogida fue… tontamente. El toro no era malo. Cuando cogió la espada y la muleta fue a dar un pase en el estribo. El toro se venía un poco para adentro. El banderillero lo advirtió: ‘Tenga cuidado, maestro, que el toro aprieta para adentro’. Lo cogió entre las tablas y le atravesó el muslo. Yo hice el quite. Cuando lo cogieron iba muerto”.

Alfredo, hijo del crítico Gregorio Corrochano, compartió el viaje desde Madrid, a bordo del Expreso de Andalucía, que condujo a la muerte a García Lorca en julio de 1936. “Federico tenía el presentimiento de que algo grave le iba a ocurrir”. No fue la primera vez que trató al poeta: “En 1934, cuando Sánchez Mejías volvió a la fiesta, yo me estaba recuperando de una cogida y hacíamos la preparación física juntos, en el campo. Y venía Federico. Era un hombre encantador, de gran conversación, admirado por las mujeres. Estábamos toreando y conversando de cosas. A última hora hablamos de metáforas. Federico se reía mucho de lo que yo decía. Al día siguiente fuimos a torear. Nos acompañaba García Lorca. Le di unos pases naturales a la vaquilla y un afarolado con los pies juntos y dije: ‘Federico, esto es una metáfora’. Y él se reía entusiasmado”. Alfredo vivió los últimos años de su vida en Granada.