Intermedio

“Aquellos ojos míos de mil novecientos diez / no vieron enterrar a los muertos, /
ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada, / ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar. / Aquellos ojos míos de mil novecientos diez /
vieron la blanca pared donde orinaban las niñas, / el hocico del toro, la seta venenosa
y una luna incomprensible que iluminaba por los rincones / los pedazos de limón seco bajo el negro duro de las botellas. / Aquellos ojos míos en el cuello de la jaca, / en el seno traspasado de Santa Rosa dormida, / en los tejados del amor, con gemidos y frescas manos, / en un jardín donde los gatos se comían a las ranas. / Desván donde el polvo viejo congrega estatuas y musgos, / cajas que guardan silencio de cangrejos devorados /en el sitio donde el sueño tropezaba con su realidad. / Allí mis pequeños ojos. / No preguntarme nada. He visto que las cosas / cuando buscan su curso encuentran su vacío. / Hay un dolor de huecos por el aire sin gente / y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!”