Pittaluga González del Castillo, Gustavo

Compositor, director de orquesta, ensayista y renovador de la música clásica al frente del llamado Grupo de los Ocho, Grupo de Madrid o Grupo de la República; estuvo vinculado con la Generación del 27. Nació en Madrid el 8 de febrero de 1906 y falleció en octubre de 1975 en la capital de España tras un largo exilio en México. Su música tuvo influencia de Manuel de Falla y colaboró, entre otros, con García Lorca y Luis Buñuel.

Pittaluga era hijo de un afamado médico italiano (Gustavo Pittaluga Fattorini) que se instaló en Madrid a comienzos del siglo XX y se nacionalizó español. Cursó estudios de Derecho y música bajo el magisterio de Óscar Esplá.

El 29 de noviembre de 1930 fue el encargado de leer en público en la Residencia de Estudiantes el manifiesto fundacional del entonces llamado Grupo de la República integrado por los compositores Ernesto y Rodolfo Halffter, Julián Bautista, Salvador Bacarisse, Fernando Remacha, Rosa García Ascot y Juan José Mantecón. El ideólogo del movimiento de renovación musical español, que comenzó durante la Dictadura de Primo de Rivera, fue el compositor y critico Adolfo Salazar, quien apadrinó al Grupo de los Ocho y al catalán Grupo de los Seis, al que pertenecieron Eduardo Toldrá y Federico Mompou.

Pittaluga y sus compañeros de generación fueron los encargados de liquidar los restos del nacionalismo que lastraba la composición española y continuar la vía renovadora abierta por Manuel de Falla en el Concerto, El Retablo de Maese Pedro y las Noches en los jardines de España.

El 9 de noviembre de 1933 estrenó en Madrid el ballet La romería de los cornudos, basada en un argumento oral de Federico García Lorca e inspirado en la romería del Cristo del Paño de Moclín (Granada). La romería también sirvió a Lorca para inspirar el último acto de Yerma. El compositor Xavier Montsalvage (1912-2002) alabó la obra, aunque lamentó la excesiva influencia de Falla que, sin embargo, queda mitigada por el tono sarcástico del libreto.

La Guerra Civil sorprendió a Pittaluga en París donde estaba organizando un ciclo de conciertos de música española. Una vez en España, la República le encargó diversas misiones diplomáticas que lo llevaron a México donde se estableció en 1948 hasta su regreso en 1966.

Como compositor, la etapa más alabada por los críticos es la anterior a la Guerra Civil donde firmó piezas como la Petite suite para orquesta de cámara, el aludido ballet sobre una idea de García Lorca y las Seis danzas en suite para piano.

En México sus bríos como creador mermaron, aunque compuso, en colaboración con Luis Buñuel, las bandas sonoras de Los olvidados, Subida al cielo y Viridiana. También es el autor de la música de El baile de Edgar Neville.

Murió en Madrid, casi olvidado, en el otoño de 1975, un mes antes que el dictador que le marcó el camino del exilio.